Charles-Emmanuel Dufourcq da estos ejemplos ilustrativos de las consiguientes discriminaciones religiosas y legales que sufrían los dhimmíes ( los judíos y cristianos no convertidos al islam), y los incentivos a convertirse al islam:


"(...) la libertad de los “infieles” estaba constantemente amenazada. Sobre el dhimmí que no pagase la tasa de capitación podían caer todas las penas islámicas aplicables al deudor que no restituyera al acreedor; el infractor podía ser vendido como esclavo o incluso condenado a muerte. Y no sólo eso, sino que el impago del impuesto por uno o varios dhimmíes –sobre todo si era fraudulento– otorgaba a la autoridad musulmana poderes discrecionales para liquidar la autonomía de la comunidad a la que pertenecieran el o los culpables. En consecuencia, de un día al siguiente todos los cristianos de una ciudad podían perder su estatuto de pueblo protegido por culpa de uno solo de ellos. Todo podía ser revocado, incluida la libertad personal (...). El impago del tributo legal no era tampoco el único motivo de abrogación del estatuto de la “Gente del Libro”; otro era el “ultraje público a la fe musulmana”, por ejemplo dejar a la vista de los musulmanes una cruz, o vino, o incluso cerdos.

(...) convirtiéndose [al islam] ya no había por qué vivir confinado en un determinado distrito, ni ser víctima de medidas discriminatorias ni sufrir humillaciones (...).

Además, toda la ley islámica tendía a favorecer las conversiones. Cuando un “infiel” se hacía musulmán, inmediatamente se beneficiaba de una amnistía completa de todos sus delitos pasados, aunque hubiera sido sentenciado a la pena capital, aunque fuera por haber insultado al Profeta o blasfemado contra la Palabra de Dios: la conversión le absolvía de todas sus faltas, de todos sus pecados anteriores. Resulta muy instructiva un dictamen dado por un muftí de Al-Andalus en el siglo IX: un dhimmí cristiano raptó y violó a una musulmana; habiendo sido prendido y condenado a muerte, al instante se convirtió al islam, y automáticamente fue perdonado, aunque se le obligó a casarse con la mujer y a aportarle una dote proporcionada a su posición social. El muftí consultado acerca del caso, tal vez por un hermano de la víctima, dictaminó que la decisión judicial era absolutamente conforme a derecho, pero especificó que si el converso no se hubiera hecho musulmán de buena fe, y en secreto siguiera siendo cristiano, entonces debería ser azotado y ejecutado por crucifixión (...)."


Otros tiempos, otra hegemonía...Y perdón por el off-topic

Saludos.