Machinarium es una de las propuestas independientes que va más allá: ésas que son juegos firmes, consistentes, bien construidos, que muestran una madurez poco habitual, y que ya no son promesas, sino hechos. Su concepción de la aventura gráfica y del puzle es apasionante para los amantes del género, todo un reto que sabe ofrecer recursos para esos momentos en los que ya no queremos darle más vueltas. Nos regala, además, un apartado artístico envidiable que las grandes compañías deberían mirar para después sonrojarse, y un sorprendente aprovechamiento de sus recursos técnicos. Jugarlo es una delicia para los sentidos, y para la mente, siempre estimulante y preparado para sorprendernos y hacernos sonreír. ¿Con qué más puede soñar un robot?