Uno de los Estados miembros que más está empujando para que la UE desarrolle el proyecto de autonomía estratégica es
Francia. En París creen que la actitud de Washington refuerza sus tesis sobre la necesidad de que Europa actúe como una potencia global con mayor autonomía. Francia proyecta sus intereses nacionales en la autonomía estratégica europea, pues los franceses son conscientes de que por sí solos ya no tienen capacidad para tener una importante influencia en los asuntos internacionales y eso genera lógicas suspicacias en el resto de los Estados miembros. En los últimos tiempos, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido un firme defensor de la necesidad de priorizar los productos europeos –en particular, en el sector de la defensa, donde Francia posee una industria relevante– con la política del Buy European. Asimismo, los franceses han sido muy directos en su crítica a la crisis sobre Groenlandia, llegando a ofrecer un despliegue de tropas en la isla. Por último, Macron, ha apoyado la necesidad de reaccionar ante la imposición de aranceles para que Europa “se haga respetar” como potencia.
Sin embargo, estos discursos europeístas no esconden la realidad de que París mira por sus intereses nacionales, aunque a veces puedan ir en detrimento de la autonomía estratégica europea, como la protección de su sector de defensa y su escasa voluntad de integrar a España dentro de la red energética de Europa.
Alemania, por su parte, parece que también está en una línea de creciente claridad rompiendo con la tradición previa de alineamiento con Washington. En el debate post electoral del 23 de febrero, el futuro canciller alemán, Friedrich Merz, declaró que: “después de las últimas declaraciones hechas por Donald Trump la semana pasada, está claro, que a los estadounidenses –a esta Administración– en su mayoría no les importa el destino de Europa de una manera u otra… Tendremos que poner en marcha una capacidad de defensa europea, esa es mi absoluta prioridad”. La realidad es que Alemania representa mucho de lo que Trump le critica a Europa: economía orientada a la exportación, que genera un desequilibrio en la balanza comercial y una baja inversión en defensa y, como consecuencia, la dependencia de la seguridad de EEUU. Friedrich Merz, liderará una coalición entre democristianos y socialdemócratas capaz de transformar la clásica orientación atlantista de Berlín. Es verdad, no obstante, que los intereses comerciales también le aconsejen evitar una excesiva presión de Trump comprando más gas natural licuado (GNL) y material militar estadounidense. Todo bajo amenaza de aranceles.
Por eso, no es descartable que Berlín, con el objetivo de evitar un gran coste, prefiera practicar una política exterior ambivalente, con el riesgo de no satisfacer a nadie. Aun así, las declaraciones de Merz, junto con el momento geopolítico actual, pueden significar que Alemania está dispuesta a realizar cambios estructurales para mejorar su posición estratégica, y, por ende, la europea.