"American history X" se deja ver, pero tampoco es para tanto... Cualquier persona con dos dedos de frente asocia instintivamente la palabra "neonazi" con una lista interminable de adjetivos negativos: violencia, intolerancia, xenofobia, homofobia, etc. De este modo, hacer una película denunciando las tropelías de uno de estos grupos de rapaditos caucásicos se convierte en un ejercicio de riesgo nulo, sabedor a priori de contar con el beneplácito y el respaldo de la inmensa mayoría de la audiencia; vamos, que el éxito moral está asegurado. Así, dejando a un lado el contexto en el que se desarrolla, la película queda reducida a la típica historia moralista de un hombre malísimo (excelente Norton, eso sí) que se redime y acaba siendo buenísimo...

Como no quiero hacer de abogado del diablo, y me parecen fantásticas las buenas intenciones del director y de todo su equipo, y la labor de denuncia que acometen, decir que lo que realmente me molesta radica en lo estrictamente cinematográfico.
Y es que la parte de la estancia en la carcel, punto de inflexión de la película y eje vertebral de su discurso, narrativamente es una chapuza. A pesar de todo lo que allí observa y vive el personaje de Norton, la cascada de acontecimientos que lleva a su reconversión ideológica está presentada de tal forma que el hecho determinante y crucial resulta ser... que le rompan el culo en la ducha. Comprobar la falsedad de las convicciones ideológicas de sus compañeros neonazis o la valía como persona de alguien a quien antes habría despreciado simplemente por su color de piel ayuda, sí, pero nada tan prosaico como una violación anal para darse cuenta de lo equivocado que estaba; y llamar entonces a su querido profesor de antaño y contarle lo arrepentido que está; que no quiere que le rompan el culo otra vez... digo, que no quiere seguir siendo tan malo e intolerante...

Por lo demás, dudo mucho que una película que cada poco es proyectada en televisión en horario de máxima audiencia haya pasado desapercibida...