Mientras sigue ardiendo más allá de la ventana y mi pareja duerme tras la vela de anoche, aprovecho el confinamiento forzoso para hablar de otro proyecto en el que trabajo desde hace un par de semanas. Hoy el día se ha levantado gris, tristísimo y con olor a pino quemado, y va bien pensar en otras cosas.
El proyecto, que como digo inicié hace ya bastantes días, consistía en confeccionar un cable para auriculares Sennheiser HD600/650. Un compañero que no quería arruinarse en la adquisición de un cable de calidad me había preguntado si se lo podía confeccionar. El problema, le dije, es que no tengo ningún auricular Senn, de modo que, si él quería, haría de conejillo de indias y el cable solo le saldría a precio de materiales más un pellizco para el envío. Necesitaba 2 metros y le pareció bien un precio de 39€ (le dije 35-40) para el mejor cable posible dentro de ese presupuesto, a falta de realizar las pruebas de escucha.
A mi entender, el cable de auriculares técnicamente perfecto debería reunir varios requisitos en su anatomía, al margen de la calidad o el tipo de conductor empleado:
-Ya que transporta señal de 2 canales, cada canal debía estar totalmente apantallado, con su propio blindaje, señal y retorno.
-En audio, hay dos tipos de cable que se caracterizan porque están en constante movimiento: los de micrófono y los de auriculares. El mundo profesional hace décadas que emplea cables de relleno de algodón para los primeros, pero no conozco ninguna empresa que confeccione cable así para auriculares. El algodón, además de ser un dieléctrico magnífico (superior al teflón y próximo al aire y al vacío), evita posibles ruidos mecánicos.
-Señal y retorno debían ir en par trenzado, para reducir al mínimo la inductancia entre ambos.
-Debía tener, a ser posible, un bajo índice de capacitancia.
-En general, muchos de los auriculares de gama alta tipo Senn o Grado dan más protagonismo a las bajas frecuencias que a las medias y altas, o presentan un sonido ligeramente en V. Hay de todo, lo sé, pero el peligro con los Senn es precisamente hinchar demasiado unos graves que ya de por sí son bastante contundentes. En general, los graves restan precisión y sensación de detalle y pueden emborronar el sonido. El cable perfecto debía estar hecho con un cobre de alta calidad, una plata que no sonase brillante (difícil) o una combinación de ambos, para mantener el punto exacto entre calidez y detalle.
-Debía ser flexible y ligero, dentro de lo posible. En caso de no ser muy ligero, la bifurcación puede alargarse para que el peso del cable pueda reposar sobre el pecho, la mesita, el sofá o el escritorio, en lugar de tirar para abajo del auricular. No se trataba tanto del peso en sí como de la sensación de peso, que acaba por fatigar.
Bueno, creo que he dado con la solución, o al menos con una solución no muy mala:
Continuará...