Allá por 1992, cuando se estrenó la película sobre realidad virtual
El cortador de Césped, parecía que en unos pocos años todos estaríamos jugando a videojuegos a través de unas gafas VR, e incluso sumergidos en otras cosas (ver películas, mal pensados

). Pero no. La visión humana es mucho más compleja, y engañar al cerebro exigía una experiencia coherente, que tradujera con precisión los movimientos de la cabeza y mostrara imágenes de gran resolución.
Para lograr eso, era necesaria tecnología que no estaba disponible ni en 1992, ni en 2002, ni en 2010. Y por si fuera poco, la industria del videojuego estaba sentada en un sillón muy cómodo: el de los beneficios haciendo lo mismo de siempre: consolas y videojuegos de salón.
Por eso, que el proyecto
Oculus Rift goce de una salud envidiable es casi un milagro. Afortunadamente cuenta con el respaldo de los pesos más pesados en cuanto a innovación "gamer" se refiere:
John Carmack, ex-CEO de iD Software, y
Gabe Newell, CEO de Valve Software.
Y la prensa coincide: los últimos prototipos de Oculus "Crystal Cove" son maravillosos, y han solucionado en parte el problema del VR Sickness (mareo de realidad virtual), mejorando el acompañamiento de la cámara al movimiento de la vista, y trasladando los movimientos de la cabeza mediante sensores, para que el sentido del equilibrio humano no produzca mareos.
En teoría, Oculus Rift está muy avanzado, y fácilmente se podrían comercializar las primeras unidades ahora. Sin embargo, los desarrolladores piensan que aún falta potencia de proceso para mover imágenes a mayor resolución, para que el ojo no vea la rejilla de píxeles, y además hace falta que el ecosistema de juegos y aplicaciones Oculus sea más variado.
Entonces...
¿Cuándo podremos comprar unas gafas Oculus Rift VR en tiendas? Según fuentes con autoridad en la materia,
a finales de 2015 tendremos modelos de Oculus Rift con una latencia "movimiento-ojo" reducida a 20 milisegundos, 100Hz de refresco, y 1K de resolución por ojo, y entonces será un producto que desatará fervor.
Las cosas de palacio van despacio, pero ya falta mucho menos de lo que parece.
