Aunque puede resultar difícil de entender, Microsoft asegura que Xbox One se reserva un 10% de su potencia gráfica para Kinect y aplicaciones en segundo plano. De esa forma, la interfaz se mantiene estable incluso cuando está ejecutando un juego, una película y varias aplicaciones a la vez.

Esto, que en principio implica una pérdida de rendimiento global, puede ser en realidad "un as en la manga" de Xbox One, ya que Microsoft planea abrir el acceso a esos recursos para mejorar el rendimiento de algunos juegos en el futuro.

Según palabras de un ingeniero de Microsoft: "Reservar este porcentaje de recursos ayuda a aislar el rendimiento de cada título respecto al sistema, y simplifica el desarrollo de juegos. Un aislamiento así de férreo significa que las cargas del sistema, que son variables, no molestarán al rendimiento de los juegos. Pero en el futuro, tenemos planeado dejar abiertas más opciones para que los desarrolladores tengan acceso a esos ciclos gráficos reservados, manteniendo aún así la funcionalidad plena del sistema".

Suena un poco raro, porque si van a hacer eso en el futuro, es decir, si pueden mantener la estabilidad del sistema dando más recursos a los juegos (que es lo que importa en una consola)... ¿por qué no hacerlo desde el primer día? ¿acaso no recortaría eso la ventaja gráfica de Playstation 4 sobre Xbox One? Puede que la explicación más sencilla sea que Xbox One, al igual que Playstation 4, es un producto en evolución, que irá afinándose sobre la marcha. Al fin y al cabo, la interfaz y funcionalidad de Xbox 360 el día de salida no tiene nada que ver con la de hoy en día. Es el software el que irá ajustando y exprimiendo las capacidades del hardware.

Sea como sea, es una buena noticia para todos aquellos que tienen pensado comprar una Xbox One por su gran catálogo de salida, y a ello hay que sumarle otras mejoras anunciadas anteriormente, como la del incremento de la velocidad de la GPU un 6% y de la velocidad de la memoria del sistema.

Fuente: Eurogamer